La Tercera Cruzada

Saladino

La Tercera Cruzada fue conocida como la Cruzada de los Reyes y fue convocada con el objetivo de conquistar Jerusalén y vencer a Saladino, quien había unido a las fuerzas egipcias y sirias bajo su mando para recuperar la ciudad en 1187 de manos de unos cruzados extenuados y desmoralizados. Al parecer y según dicen, el papa Urbano III sufrió un colapso al enterarse y murió poco después. Su sucesor, Gregorio VIII, se encargó de proclamar aquella derrota como un castigo divino y la consecuente necesidad de recuperar Tierra Santa para la expiación de los pecados. Felipe II de Francia y Enrique II de Inglaterra dejaron a un lado sus diferencias en aras de reconquistar Tierra Santa y cobraron un impuesto llamado “diezmo de Saladino” para financiar la nueva cruzada.

El emperador del Sacro Imperio Germánico, Federico Barbarroja, apoyó esta tercera cruzada con gran entusiasmo, siendo el primer rey europeo en partir hacia Tierra Santa. A su enorme ejército se unieron las tropas húngaras, juntándose tal número de soldados que tuvieron que dividirse para desplazarse por mar y tierra al mismo tiempo. Por tierra, el emperador de Bizancio Isaac II trató de impedir el avance de Barbarroja, ya que había pactado secretamente con Saladino, pero no lo logró, pese a lo cual el emperador germano falleció al caer a un río y ahogarse por el peso de su armadura. Se cree que su muerte provocó el suicidio de muchos de sus soldados y que algunos decidieran regresar a Europa, aunque lo cierto es que al llegar a Antioquía liderados ya por su hijo Federico VI, hubo muchos caídos a causa de la peste bubónica.

Mientras, en 1190 Ricardo Corazón de León había sucedido a su padre Enrique II y se disponía a partir hacia Tierra Santa al mismo tiempo que lo hacía Felipe II de Francia. Ambos ejércitos se unieron en Sicilia, donde pasaron el invierno y luego reemprendieron la marcha. Contratiempos climáticos hicieron que Ricardo tuviera que hacer una parada en Chipre, donde tras algunos tira y afloja con Isaac, su gobernante, conquistó toda la isla y reclutó más soldados para su ejército.

Los ejércitos inglés y francés volvieron a unirse en Acre junto con las tropas germanas y en poco tiempo la ciudad fue sitiada y conquistada gracias también a las armas de asedio supervisadas por Ricardo Corazón de León. Una vez capturada Acre, los tres monarcas comenzaron una disputa en cuanto al reparto del botín y la pertenencia del trono, que finalmente se quedó en manos de Guy de Lusignan, candidato de Ricardo, y que a su muerte le sucedería Conrado de Montferrato, propuesto por Felipe II. Tras este acuerdo y molestos con el rey inglés, Felipe II y Leopoldo V se fueron de la ciudad con sus tropas. Felipe regresó a Francia, lo que fue considerado una deserción por parte de los ingleses. Mientras tanto, Ricardo degollaba a 3000 prisioneros musulmanes a las puertas de la ciudad ante la negativa de Saladino a pagar su rescate. Meses más tarde, Ricardo obtuvo la victoria sobre Saladino en la batalla de Arsuf asistido por los Caballeros Hospitalarios y los Templarios, demostrando que el líder musulmán no era invencible.

Ricardo Corazón de León

Tras apoderarse Ricardo de la ciudad de Jaffa, ofreció negociaciones de paz a Saladino y al no poder llegar a ningún acuerdo, el rey inglés decidió marchar sobre Ascalón. Conrado de Montferrato rehusó apoyarle y misteriosamente, murió asesinado en las calles de Acre poco después a manos de unos sicarios pertenecientes a una secta islámica liderada por el Viejo de la Montaña. Los meses siguientes estuvieron caracterizados por varias batallas entre Saladino y Ricardo hasta que finalmente llegaron a un acuerdo: Jerusalén permanecería en manos musulmanas pero se permitiría el paso a los peregrinos cristianos. El 9 de octubre de 1192, Ricardo Corazón de León regresaba a Inglaterra, siendo cautivo del emperador germano durante un año como consecuencia de las disputas en torno a la ciudad de Acre y pasando el resto de su vida guerreando contra Francia hasta que murió por una herida de flecha. Saladino murió poco después de la marcha de Ricardo, empobrecido al haber repartido sus bienes entre sus súbditos.

El fracaso de la Tercera Cruzada provocó que años más tarde se convocara la Cuarta Cruzada para poder llevar Jerusalén a manos cristianas.

 

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