La Cuarta Cruzada

La Cuarta Cruzada (1202 – 1204) fue convocada por Inocencio III tras el fracaso de la anterior, en la que se había perdido el dominio cristiano de los territorios de Próximo Oriente. No existió un especial interés por parte de los monarcas europeos: los alemanes estaban enfrentados precisamente al Papado y Francia e Inglaterra continuaban batallando una contra otra. Finalmente, en un torneo celebrado en Ecri, Francia, varios nobles se reunieron y coincidieron en formar un ejército al que posteriormente se unirían caballeros de los Países Bajos y de Italia y también algunos alemanes. Ante los eventuales problemas de transporte (el camino por tierra era inviable debido a la situación de Bizancio y no disponian de flota), decidieron ir hasta Egipto tras un acuerdo con Venecia para que aportara barcos y continuar desde allí hasta Jerusalén.

Este acuerdo con Venecia incluía la conquista de Zara por parte de los cruzados para así cubrir la parte del viaje que no podían costear dado que el número de expedicionarios fue menor al estimado. Zara era una ciudad situada en Dalmacia (la actual Croacia) que Hungría había arrebatado a Venecia. El Papa se negó a esta expedición e incluso excomulgó a los que participaron, aunque poco después de haberse tomado la ciudad perdonó a los cruzados. En este invierno, llegó hasta ellos la petición de Alejo, pretendiente al trono bizantino, quien se ofreció a colaborar con la Cruzada si le ayudaban a conseguir la corona. Algunos cruzados se desentendieron argumentando que su misión era reconquistar Tierra Santa y marcharon hacia Siria, pero otra parte del ejército claudicó ante la petición de Alejo. En Constantinopla, las luchas fueron infructuosas y la situación se resolvió nombrando co-emperadores a Alejo y a Isaac, su padre, hasta entonces encarcelado.

Llegó la hora de que Alejo ofreciera su recompensa a los cruzados, para lo cual tuvo que subir impuestos creando descontentos entre sus súbditos a los que se unían los propios cruzados. Esta situación fue aprovechada por su yerno, también llamado Alejo, quien lideró una revuelta que acabó con el emperador Alejo estrangulado en una mazmorra y su padre Isaac muerto poco después también en prisión. En 1204, los venecianos y los cruzados lograron entrar en Constantinopla. Tras días de saqueo y barbarie, fue nombrado emperador Balduino IX de Flandes, primer monarca del Imperio Latino, provocándose la escisión entre la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Ortodoxa.

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